Amnistía particular

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El eterno becario por la gloria de España

“Prácticas sin remuneración”. Así rezan muchas de las ofertas de trabajo que uno se puede encontrar en Infojobs y demás portales de búsqueda de empleo. Luego ya plasman la serie de requisitos que buscan para acceder a estas prácticas. Idiomas, titulación, posiblemente experiencia y disponibilidad horaria. Ah, y si puede ser convenio con centro de estudios mucho mejor. Todo sea por conseguir algo de experiencia en tu campo de trabajo, que hoy no está nada fácil, y por la posibilidad siempre prometida de “si las cosas van bien, te podremos contratar cuanto termines tu período de prácticas”.

En esos tres meses de prácticas sin remuneración, en los que incluso pierdes dinero en transporte y comida, la empresa primero te carga con un montón de trabajo que puede que no sea ni lo que esperabas, pero es que es para aprender, que tienes un título pero no sabes nada. Así que aprendes a usar la fotocopiadora, el teléfono, la máquina de cafés y a ordenar los archivos que tengan desperdigados por la oficina. Luego te darán más responsabilidades, cada vez más y muchas veces sin explicarte nada más que: haz esto. Y ahí estás, con tus veintipocos años, enfrentándote a programas informáticos que no te responden, proveedores que tampoco lo hacen o simplemente trabajo de administrativo con el que no aprendes nada de lo que supuestamente has venido a aprender. Pero todo sea por la posibilidad de que terminen los tres meses de prácticas y te contraten, que ya será mala suerte, que te lo han repetido muchas veces y el jefe te ha invitado varias veces a café o a donuts. Así que tú sigues ahí, con tu sonrisa y tu ilusión de alguien que quiere de verdad tener un futuro, haciendo todos los trabajos que te manden tus jefes, que es cualquiera con un contrato de la empresa, con la esperanza siempre intacta hasta que llega ese día, ese día en el que alguien te llama a su despacho y te dice que no va a ser posible, que la empresa no se puede permitir contratar a nadie más, que están muy contentos contigo pero que no va a ser posible que te quedes allí. El mundo se te cae a los pies, a ti que pensabas tener el futuro medianamente asegurado aunque solo fuera por seis meses, porque habías creído que realmente te iban a contratar. Y el mundo finalmente explota cuando te indican amablemente que tal día no vuelvas, porque llega otro becario a ocupar tu lugar y ya no tendrás nada que hacer. Entonces tú vuelves a tu casa, entras en Infojobs y ves más ofertas de “prácticas sin remuneración” y vuelves a enviar el curriculum, con la esperanza de que esta sí, esta será la buena.

Pero no te preocupes, que haces bien, que te estás esforzando, estás siendo constante y estás arrimando el hombro para sacar adelante este país ofreciendo gratis tu fuerza de trabajo. Seguro que Rajoy considera que eres de esa mayoría silenciosa, que simplemente acepta lo que hay y ayuda a España a salir del pozo. Porque los empresarios lo pasan muy mal y necesitan la fuerza de la juventud para sacar adelante sus proyectos empresariales porque pagando sueldos decentes no serían capaces. Porque todos saben que los becarios no se quejan de nada, todo sea por dejar de ser parte de ese 57% de jóvenes en paro, ahí, aguantando carros y carretas mientras sus padres son los que les dan realmente un sueldo.

Y el raro soy yo, que no acepto estas ofertas ni envío mi solicitud a ellas. Todo sea por mantener la ilusión de que aún me queda algo de dignidad en este mundo sin ella.


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‘Nunca me abandones’, de Kazuo Ishiguro

nCon este libro viví el proceso inverso al que estoy acostumbrado. Normalmente leo un libro y luego veo su adaptación al cine, pero en esta ocasión primero he visto la película y años después he leído la novela. Recuerdo perfectamente que Nunca me abandones, la película que dirigió Mark Romanek y protagonizaron Carey Mulligan, Andrew Garfield y Keira Knightley me pareció muy triste, pero de una tristeza serena, que no buscaba la lágrima usando recursos de pronografía sentimental que estamos muy acostumbrados a sufrir en grandes producciones. La película es de estas que te deja un poso triste del que cuesta desprenderse y que te acompaña unas cuantas horas, días incluso si eres sentimentaloide. Y con el libro pasa algo parecido.

Escrita por el escritor británico de origen japonés Kazuo Ishiguro, ‘Nunca me abandones’ coge un concepto de la ciencia-ficción, el de los clones destinadas a mejorar nuestro nivel de vida pero con un futuro  poco halagüeño, y lo mezcla con una bildungsroman, una novela de iniciación al estilo clásico ambientada en una sociedad prácticamente igual a la actual. Seguimos a Kathy H., una de esas clones que crece en Hailsham, un peculiar internado donde se promueve el arte y la educación de estos niños con un destino negro. Kathy H. es quien narra la novela en primera persona y con un tono muy de conversación, como si fuera realmente ella quien te está narrando todo lo que pasó durante su infancia, adolescencia y juventud, como si estuvieras tomando un café con ella y le apeteciera confesarse. Parece que la historia te la está contando solo a ti, como si de un secreto se tratase, y esto hace que sientas más empatía con ella.

Y es que Kathy te cuenta la historia de una amistad y amor entre tres de esos chicos: ella misma, Ruth y Tommy. Cada uno perfectamente definido y construído, Kathy va narrando como pasaron de ser unos niños que jugaban en los parques del internado a ser jóvenes que se enfrentan de manera serena a una muerte segura tras donar en repetidas ocasiones sus órganos a una sociedad que los desprecia. Ruth es la líder nata, la que pretende caer bien a todo el mundo pero humilla a sus más allegados en ese afán y además es quien se interpone en la historia de amor de Tommy y Kathy, palpable desde la primera vez que esta nombre al chico, un chico impulsivo, alocado y sin mucho sentido artístico pero que desprende encanto.

Nunca me abandones no es una novela fácil, pero sí es una novela muy recomendable para quien quiera reflexionar un poco sobre una multitud de temas que se les plantean a los protagonistas: el amor, la espera de la muerte, el deseo, la existencia del alma, la esperanza de una vida mejor. Todo ello en un tono intimista de lo que parece ser una historia muy pequeña que se hace muy grande en la mente de cada lector.

Nunca me abandones

Kazuo Ishiguro

Editorial Anagrama, 360 páginas


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Hemos comido por encima de nuestras posibilidades

Ayer se anunciaba que la Junta de Andalucía garantizaba por decreto tres comidas diarias a niños con escasos recursos. Con una tasa de paro que supera tranquilamente el 30%, Andalucía es una de las comunidades más castigadas por la crisis además de ser históricamente una de las comunidades más empobrecida de esto que llamamos España, por lo que se comprende que la situación de muchos niños debe ser crítica. Una situación que ya se sufre en Grecia, donde profesores han tenido que organizar desayunos para alimentar a sus alumnos, o en Canarias, donde su gobierno ya ha anunciado que va a abrir algunos colegios durante el verano para garantizar que los niños se sienten a la mesa de los comedores. Si ya es suficientemente indignante el que las instituciones públicas tengan que garantizar por decreto la alimentación de niños, la gota que colma el vaso es que en Twitter, esa red social que agrupa lo mejor y lo peor del ser humano, sea campo de cultivo de auténticas animaladas sobre el tema. Uno de los que se ha lucido más es Ernesto Sáenz de Buruaga, ese que presentó el Telediario de TVE durante los dos primeros años del gobierno Aznar y que ahora conduce el magacín matutino de la cadena de los obispos.

Esta debe ser su concepto de la caridad cristiana, por qué si no, no me lo explico. El hacer mofa de un gobierno, sea del color que sea, por garantizar la nutrición de los niños es deplorable. El propio Buruaga en un tuit posterior afirmó que todo había sido una ironía malinterpretada tras haber recibido numerosas críticas, entre ellas las de Julia Otero que solo dijo que necesitaba tomar un Primperan, un popular medicamento que corta los vómitos. Seguro que Buruaga es más partidario de políticas como las de Núñez Feijóo con respecto a los comedores escolares, dejando así a los niños elegir libremente si quieren pasar hambre. Todo en aras de la libertad.

Pero esta no es la única declaración de la derecha mediática y política con respecto a la comida de las clases populares. Supuestamente, y siempre según la periodista Carmen del Riego, María Dolores del Cospedal (la Cospe, vamos) en una reunión con el grupo parlamentario popular afirmó que los votantes del PP “se quedan sin comer, pero pagan su hipoteca”. Supongo que eso la llenaría de orgullo y satisfacción, pero la verdad es que si es así esto hace que La Internacional tenga más efecto cuando dice eso “En pie, famélica legión”. Lo de Cospedal es una carrera contrarreloj hacia el ridículo cada vez mayor. Es una política tocada de muerte por el caso del cabrón (no lo digo yo, lo dice un sumario judicial) ese de los sobres y parece que solo busca tener una salida rápida para poder y vivir de lo que su marido ha rapiñado ya.

Yo por si acaso sigo esperando a que venga alguien, ¿Arias Cañete quizá?, a decirnos que los españoles hemos comido por encima de nuestras posibilidades. Por favor, es ya para creerme que realmente vivo en una película de Berlanga.


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Divergente, de Veronica Roth

Divergente espEn mi afán de ponerme al día con esto de las sagas juveniles y debido a que su adaptación cinematográfica ya está anunciada y tiene un reparto que me llama la atención he leído este libro, ‘Divergente’, escrito por una jovencísima autora, Veronica Roth, que se formó en escritura creativa por la Universidad Northwestern. Que, honestamente, no se nota mucho, pero vayamos por partes.

‘Divergente’ tiene puntos positivos, bastantes a decir verdad. Es un distopía muy original y muy trabajada, con un mundo muy extraño. En un ambiente apocalíptico, Chicago ha sido dividida en cinco facciones que se reparten las diferentes funciones necesarias para el funcionamiento correcto de la sociead. Así tenemos Abnegación, Osadía, Erudición, Concordia y Verdad, cinco facciones que dividen la sociedad como si fueran compartimentos estanco. Otro punto positivo es que la protagonista no es huérfana. ¡Tiene a los dos padres vivos! Toda una hazaña en la literatura juvenil, e incluso parecen felices y no son malos padres ni nada. También es a destacar que la violencia no es disimulada, sino que es bastante cruda y la autora no se corta a la hora de matar a personajes (es más, hay cierta sensación de escabechina al final de la novela, parece que a la autora le entró ansia de matar).

Ahora los puntos negativos: la protagonista se considera fea y patosa. Un cliché más que no sé si funciona entre lectores más jóvenes, pero que a mí me cansa soberanamente. Además de fea y patosa, Beatrice Prior es muy dura y es capaz de superar todo lo que se le pone en medio, y obviamente es una chica especial, como tantos otros protagonistas. Y luego está Cuatro, cuya identidad es demasiado obvia, es un chico intrigante y tiene todos los ingredientes para enamorar a las chicuelas. Y por supuesto los malos son muy malos, no queremos entrar en dilemas.

Vale, dicho todo esto tengo que decir que el libro en sí no está mal aunque me parece que esto es como un prólogo de la historia que se nos quiere contar. La historia se va intuyendo, pero en los últimos capítulos todo va muy acelerado, incluso atropellado y te da la sensación de que todo pasa en un tris. Lo que sí no me gusta mucho es cómo creó los personajes, son todos muy planos y aburridos, apenas sorprenden y los malos son sencillamente horrorosos.

Ahora quedan dos libros más de la saga a ver qué tal acaba esta historia que ha comenzado. Y me apetece más que continuar Cazadores de sombras.

Divergente

Veronica Roth

Editorial Molino, 463 páginas


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Ada Colau es la que grita al principio del Harlem Shake

Este tuit de Arezno resume bastante bien lo que ha pasado en los medios durante los últimos días. Ha aparecido una nueva figura mediática que resulta incómoda para la derecha mediática y también parte de la izquierda y no se ha tardado nada en decir cualquier cosa con tal de desprestigiar a la señora Ada Colau, portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). Todo esto porque la PAH está experimentando una escalada en su apoyo social y por lo tanto en su carácter combativo, especialmente al importar de Argentina la técnica de protesta conocida como escrache.

No voy a explicar qué es el escrache, ni voy a decir si estoy a favor o en contra, porque seguramente estáis cansados de escuchar o leer argumentos a favor o en contra de algo que está resultando muy polémico y sobre todo muy incómodo para los políticos y sus familias. Igual que incómodo, quiero pensar, que el hecho de que un miembro de las Fuerzas Armadas del Estado reviente tu puerta para sacarte de tu casa porque te has quedado en paro y ya no puedes seguir pagando la hipoteca que has firmado con tu banco. Unas hipotecas que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha señalado que están plagadas de cláusulas abusivas.429475_515543558487352_962151689_n

Me interesa más la campaña incesante de los medios y los políticos de la derecha para criminalizar un movimiento social más porque no baila al ritmo que ellos marcan. Ada Colau se ha paseado por platós de televisión enfrentándose a periodistas como Hermann Tertsch, Carlos Cuesta o Paco Marhuenda, recibiendo calificativos de perroflauta y antisistema, como si el hecho de serlo fuera un insulto en sí, y prestándose a esos programas de televisión en los que los debates políticos se parecen más a Sálvame de lo que sería deseable. Ada Colau también ha sido víctima de una portada vergonzosa de La Gaceta, que en sus páginas ha amenazado a la activista con desvelar su dirección para que se le haga un escrache a ella y muchas veces se ha apuntado en la misma dirección: la PAH son filoetarras.

Curiosamente este argumento no ha salido de la boca de UPyD en un primer momento, aunque luego se han sumado a la moda, sino que salió de boca de Cristina Cifuentes, delegada del Gobierno de Madrid y tuitstar, que acusaba a la PAH de apoyar a los presos etarras y así echaba mierda sobre un movimiento social de esos que satura su ciudad de manifestaciones y hace la convivencia imposible, según ella misma afirmó en más de una ocasión. Desde entonces los medios siguen dando cuerda a este argumento de la supuesta tendencia abertzale radical de la PAH, como si se estuviera dedicando a tirar cócteles molotov a las casas de los políticos o apuntando con pistolas a las nucas de los mismos. Esto no es más que una campaña de descrédito de un movimiento social que, mientras los periodistas discuten si está bien o mal lo que hacen, actúa y alivia uno de los mayores dramas que se vive en este páramo que llamamos España.

Y ahora, por si me lee alguien, quiero proponer algo. Soy de una ciudad, Ferrol, en la que cierran comercios a una velocidad increíble y hay cada día más gente en el paro. En una ciudad pequeña como Ferrol, es fácil saber quiénes son los empresarios que cierran empresas para abrirlas con otro nombre o que piden a sus empleados un esfuerzo para mantener a flote la empresa trabajando más horas de las estipuladas en contrato o rebajando los sueldos. Todo esto mientras siguen comprando coches como Audis o Golfs a sus hijos veinteañeros o yendo todos los días a jugar al golf en su flamante vehículo y con ropa de marca. Es hora de que no solo los políticos sufran vergüenza y se sientan señalados por una ciudadanía crítica, sino que los empresarios capitalistas que se siguen aprovechando de la situación sepan que no están exentos de responsabilidad.


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Lo que me queda por vivir, de Elvira Lindo

libro-lo-que-me-queda-por-vivir-elvira-lindoSiento especial simpatía por Elvira Lindo. El hecho de que sea la autora de Manolito Gafotas, uno de los libros que más me gustaban de pequeño, y que escriba habitualmente en El País artículos que no es que sean muy densos ni te dejan deslumbrado, pero sí que utilizan la cotidianidad de la vida para hablar de temas mucho más serios, lo cual me parece muy admirable. Además, me encanta esa visión tan cómica y tan dada a reírse a la intelectualidad que tiene. No hay que olvidar que su marido, Antonio Múñoz Molina, es ese hombre tan serio y tan erudito que dirige el Instituto Cervantes de Nueva York.

No sé hasta qué punto es ta novela es autobiográfica, porque nunca se aclara, pero lo que es cierto es que al menos parcialmente está inspirada en la propia vida de Elvira Lindo. Se nota en detalles como la muerte de su madre, su infancia itinerante y su deambular profesional por radio y televisión. Seguramente también sean ciertos los detalles que cuenta sobre la vida en el Madrid de los ochenta. Aún así, la novela se adentra en un territorio mucho más íntimo al hablar de drogas, abortos y separaciones traumáticas con los que seguramente la autora ha jugado para darle más emoción al relato.

Aún así, Lo que me queda por vivir es una novela que destaca por su tono, muy cercano y muy vívido, que parece realmente una confesión personal, por lo que el lector tiene la sensación de estar leyendo algo realmente privado. Eso, sumado a las constantes referencias culturales y a los pequeños detalles que van dibujando el retrato de Antonia, la protagonista, son los puntos fuertes de una historia que de por sí no cuenta mucho. Quizá sea eso, que Elvira Lindo necesitaba desahogarse y contarnos todo eso que vivió y le apetecía decir.

Lo que me queda por vivir

Elvira Lindo

Seix Barral, 272 páginas


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La viuda de América

Vaya por delante que soy un ignorante de la política argentina. Sé lo justo y necesario como para saber quién es su presidenta y algunos destacados miembros del gobierno y un par de la oposición y sé lo suficiente como para verme incapaz de clasificar en una ideología política a Cristina Fernández, porque me confunde la información que leo sobre ella y porque no acabo de entenderla del todo. Todo esto no quita que pueda opinar sobre la imagen que la presidenta argentina lanza al mundo, que, sencillamente, es apasionante.

12-a_3Todos conocimos a Cristina Fernández por ser la mujer del carismático Néstor Kirchner, político argentino que acabó siendo Presidente durante cuatro años. Enseguida se empezó a comentar que Cristina no era una mujer cualquiera, sino que tenía gran influencia en su marido y que realmente estábamos ante un ente político marital, una especie de simbiosis en la que uno se beneficiaba de las virtudes del otro, y así consiguieron monopolizar la política argentina e incluso acuñar una ideología, el kirchnerismo. Una ideología personalista que bebe mucho del peronismo, pero que está dejando su huella y que no deja indiferente a nadie.

Esta simbiosis de marido y mujer se hizo aún más palpable con la proclamación de Cristina Fernández como presidenta de Argentina y dejando claro que su mandato iba a ser heredero directo del de su marido. Es más, se dice que dentro de los planes del matrimonio estaba el que Néstor se presentara a las elecciones del 2011, pero su muerte truncó los planes del matrimonio, así que tuvo que ser la propia Cristina quien se presentara de nuevo para acabar ganando por un apabullante 54% de los votos. Pero, ¿qué ha supuesto para Cristina Fernández la muerte de su marido? Pues que se ha convertido en la viuda de América, ella lo sabe y lo explota continuamente.

No hay cosa que le guste más a la gente que una viuda sufrida. Suena duro, pero es así. En España tenemos a la Pantoja y en Estados Unidos tuvieron a Jackie Kennedy. Los argentinos, a los que les gusta más del drama que otra cosa (como a la mayoría de los latinos y europeos del sur), no tienen una viuda cualquiera: su presidenta es la viuda de uno de los políticos que más huella ha dejado en el país. ¿Quién puede olvidar los llantos de Cristina en el velatorio de su marido, abrazada a sus dos hijos y enfundada de negro riguroso? El negro, un color que aún casi tres años después de la muerte de su marido no ha abandonado. Cristina sigue anclada en los trajes negros y las joyas discretas, aunque últimamente se haya marcado algún que otro vestido que dejaba ver más de lo que el luto nos tiene acostumbrados.

Y es que Cristina vive de los símbolos, como muchos otros líderes sudamericanos. Ya su partido es un gran símbolo, una agrupación personalista cuyo nombre es Frente para la Victoria deja bien claro que Cristina articula su mensaje política en una actitud triunfalista. Ella con el apoyo del pueblo será capaz de llevar a su país al éxito, y si tiene que expropiar empresas extranjeras, lo hace y recibirá los aplausos entusiastas de todo aquel que esté en su discurso. Discursos en los que nunca acepta preguntas, porque como bien se quejan los periodistas argentinos, Cristina Fernández no es una mujer muy dada a hablar con la prensa, menos aún que Mariano.1363623865834

Uno de sus últimos símbolo ha sido en Roma, visitando al recién elegido papa Francisco. Cristina fue de riguroso luto, negro impoluto y bien recatada. Se la vio visiblemente emocionada tanto al ser recibida por Bergoglio en su primera audiencia con un jefe de Estado como en el besamanos tras la ceremonia de entronización. Incluso llegó a comentar en público que “nunca un Papa me había besado”, como si fuera una colegiala. Todo esto mientras sabemos que sus relaciones con el ahora Papa siempre han sido muy tensas y que se han enfrentado en más de una ocasión. Pero todo sea por el símbolo, por los dos lados, un Papa que se muestra bondadoso con una Presidenta a la que acusa de corrupción y una Presidenta contenta porque un compatriota ha llegado a ser Papa. Y los argentinos tan contentos.

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